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Parroquia de Villamediana

Amar la vida y al autor de la vida

Amar la vida y al autor de la vida

Villamediana, 9 de agosto de 2009

Domingo XIX del tiempo Ordinario

 

Elías, el profeta, por el desierto, se sentó bajo una retama y se deseó la muerte: “Basta, Señor, quítame la vida….

 

Hermanos: Como a Elías, a cualquier ser humano le asalta la desesperación por el vivir dificultoso y duro, y rechaza la vida y se vuelve contra Dios, de quien procede el vivir, y se desea la muerte o se organiza la vida al margen o contra Dios, inventando un modo de vida ateo o indiferente, que, sin embargo, tampoco le da la felicidad.

Y esto mismo sucede a nuestro mundo, a nuestra sociedad desarrollada y próspera del siglo XXI. A pesar de tanto bienestar, se enfrenta a la dureza del vivir, a desgracias inesperadas por enfermedad o accidente, a la crisis financiera, al paro creciente, a epidemias nuevas, al fundamentalismo y el terrorismo… Y, frente a todo esto, como Elías, se le aparece la muerte como salida, aunque sea terrible, y el rechazo de Dios como solución…

 

Pero, ¿de verdad es solución? ¿No se trata, más bien de una huída vergonzosa hacia la nada, hacia el abismo?

 

No pongáis triste al Espíritu Santo de Dios. –Nos dice la Escritura Santa. Y añade: Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda maldad.

 

¿Qué hacer para dar alegría al Espíritu? ¿Para desterrar de nosotros la amargura y toda maldad?

 

Amar la vida humana en su dureza, en su dificultad, y no dejarse arrastrar por la tentación de la muerte, disfrazada de oscura y fatal felicidad, de vicios inconfesables, de abandono espiritual, de pereza, de desgana…

 

Amar la vida como Dios la ha hecho, como él la vivió al encarnarse y morir en el tormento. Y amar y respetar a Dios, que la ha hecho, alimentándonos de su vivir sacrificado, que se nos da, misteriosamente en la comunión eucarística, como hemos escuchado en el evangelio: El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo. El que coma de este pan vivirá para siempre.

 

Que la Virgen, a cuya fiesta de la Asunción, titular de nuestra parroquia, nos preparamos, nos conceda este modo de vida, que culmine como el suyo en la felicidad perfecta e interminable, junto a Dios. Así sea.

 

 

 

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