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Parroquia de Villamediana

La solución para nuestro mundo perdido

La solución para nuestro mundo perdido

Salió el sembrador a sembrar…

La Palabra que sale de mi boca no volverá a mi vacía

La semilla que cayó en tierra buena dio grano…

Los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá

 

 

Un mundo, el nuestro, lleno de males

 

Ejemplos clamorosos: Problemas económicos; problemas morales, como la legalización del aborto y la falta de principios en la educación de los jóvenes; ruptura de familias; muertes de los que intentan alcanzar nuestras costas para sustraerse de las miserias que les acechan en sus pueblos…

Razones de estos males:

Porque se escucha a sí mismo, pero no escucha a Dios que lo ha proyectado y querido…

Lo dice muy claro el Apóstol San Pablo en la carta a los Romanos (1, 25):

Es la consecuencia de haber cambiado la verdad de Dios por la mentira, y de haber adorado y dado culto a la criatura en lugar de dárselo al Creador.

(1, 20-21) Así que no tienen excusa, porque habiendo conocido a Dios, no lo han glorificado, ni le han dado gracias, sino que han puesto sus pensamientos en cosas sin valor y se ha oscurecido su torpe corazón. Alardeando de sabios se han hecho necios.

 

La solución: escuchar a Dios, acogiendo su enseñanza en tierra buena del corazón

 

No superficialmente, o curiosamente, o con indiferencia, o sin ganas, como caminos pisoteados o pedregales baldíos.

Escuchar como aquella primera comunidad a la que predicó San Pablo, la comunidad de Damasco (Siria) en la que predicó, recién convertido:

La población judía de Damasco -se lee en un libro de historia- era bastante numerosa, pero de igual modo, estaba claro que era una ciudad pagana. La cultura de la ciudad estaba muy influida por las costumbres griegas. Por ejemplo, las monedas que se usaban en Damasco sólo tenían efigies de dioses y diosas griegas. Damasco debía su preeminencia política y su riqueza a su privilegiada situación geográfica, pues no en vano se hallaba en una de las encrucijadas más importantes de la antigüedad. Las rutas comerciales se unían cerca de la ciudad antes de separarse, una en dirección a la meseta árabe, y otra a la costa mediterránea. Damasco servía de base para mercaderes de distintas partes de la geografía de Oriente Medio. Esto hizo que la mayoría pagana de Damasco creciera bastante. Así durante sus tres años en Damásco (Gál 1,18) San Pablo, recién convertido, no tuvo muchas dificultades para hacer realidad su vocación misionera y encontró una tierra bien dispuesta, a la que enseñaba así: “No os acomodéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de vuestra mente, para que sepáis distinguir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo grato, lo perfecto” (Rm 12,2).

Damasco llegará a ser, gracias a esa escucha atenta de la palabra de Dios, predicada por San Pablo, una gran comunidad cristiana de la que saldrían santos como San Juan Damasceno y otros.

Porque la sabiduría de Dios puede transformar el mundo:

 

Así lo enseña también con toda fuerza San Pablo: Mi palabra y mi predicación no se fundaron en persuasión de sabiduría, sino en demostración de espíritu y de fuerza, para que vuestra fe no se enraizase en sabiduría de este mundo, ni de los príncipes de este mundo, que están en camino de destrucción, sino que tratamos de una misteriosa sabiduría de Dios oculta hasta ahora, la cual Dios había predestinado antes de los siglos para gloria nuestra.

 (1Cor 2,4-7)

Pero esa sabiduría de Dios no alcanza a través de otros hombres en los que se transparenta Dios. Así describe su conversión un famoso periodista alemán, Peter Seewal:

El encuentro con el entonces cardenal Joseph Ratzinger (después Papa Benedicto XVI), no inició mi regreso a la Iglesia católica; pero me dio en último término, el empujón para, en cierto modo –tras los numerosos pequeños pasos- dar también el último gran paso. De las conversaciones que mantuvimos en Montecassino surgieron 33 horas de grabación. Quedé impresionado con la coherencia de la visión del mundo y de Dios de Ratzinger. Cuando durante muchos meses se estudian y trabajan textos, se aprecia si algo es falso o no. Se aprecia si alguien es artificioso, vanidoso, incoherente… o bien serio y auténtico, lleno de un espíritu que no solo procede de una erudición intelectual, sino también de una vida que, desde la fe en Cristo, se esfuerza por conseguir la veracidad.(pág. 121)

 

Conclusión:

 

-No basta quejarse de lo mal que está el mundo

-Hay que buscar la solución que Dios da

-Escucharlo en el silencio de la reflexión y en la participación en las celebraciones

-Escucharlo en los hombre y mujeres sensatos que hay a nuestro alrededor

-Y ser nosotros mismos, como San Pablo, como el Papa, transmisores de esa verdad…

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